martes, 4 de julio de 2017

Columna 11: Tipología del amor -primera parte-



Sucumbimos ante el amor aún en estos tiempos, cuando es quizás mucho más raro porque ha perdido su sentido romántico que se tejía con palabras mesuradas, los códigos de buenas maneras, el riesgo de amar y que los demás lo permitieran. Como dice Octavio Paz, el amor solo puede ser posible cuando trasgrede. Antes era fácil trasgredir, cuando había tanto prohibido. Se ocultaban los cuerpos como las palabras, se dejaba siempre una parte velada y la mesura regía las relaciones, cuenta mi abuela que ella “hacia el amor por carta, o lo hacía con una reja de por medio, se trataba sólo de “echar novio” de mirarse y hablarse con suavidad y dulzura. Se trataba de que el sexo se diera con la aproximación de esos cuerpos solitarios, ávidos de estar juntos, obedeciendo en parte a la moral que rigiera en ese círculo.
Ahora no está esa ilusión en primer sitio puesto que las imágenes y la información bombardean a la sociedad. Ya ni siquiera puede hablarse de un instinto de reproducción, somos demasiados seres humanos. Se trata más de la concepción de la completud del ser: el que tiene fuerza económica, el que genera miedo o respeto entre algún grupo de otros, por más pequeño y superfluo que este sea. El macho dominante, hoy no es el más fuerte, valiente y voraz, es el de mayor poderío económico. Y para la mujer aplica lo mismo o en caso paralelo, llenar con las formas de su cuerpo, las maneras de caminar, vestir y hablar el imago de la mujer perfecta.
Es difícil vivir en esta sociedad, desde pequeños los demás, y quizás en primer lugar los padres, presionan ante la imperfección, se vive en un jaloneo entre las luchas por la igualdad, los grupos religiosos, políticos, las asociaciones, los activistas, los intelectuales.
El amor es un artículo de consumo y como tal es desechable. No hay que tener miedo de esta sentencia, de hecho aminora mucho los dolores para quienes ilusamente siguen perdidamente enamoradoas de la idea idílica de amar.
Pero no quiero negar el amor. Sea invento social para mantenernos dominados, sea invento de la religión, sea mera necesidad de apoyo para no caer en la realidad miserable, el amor es. Se traduce como respeto, como cuidado, como esperanza, pacificación, perdón. Pero esto no es para toda la vida. El amor se vive en etapas de acuerdo a las necesidades propias de cada persona, de acuerdo a todo lo que procesa su cerebro, de acuerdo a su abstract del mundo; por supuesto que este cambia. Pero todos tenemos un abtract en cada momento de nuestras vidas. Así con él, la concepción del amor se va adecuando. No somos seres planos y definidos aunque todas las reglas se esmeren en ello. Cada experiencia nos moldea.  

martes, 27 de junio de 2017

Culumna 10: La domesticación de la violencia



¿Quién volverá a mirar con ojos de ilusión a nuestro país? Poco a poco se ha ido filtrando la violencia hasta hacerse parte de nosotros, de nuestra cotidianeidad, prefijo de cada amanecer noticioso. Es peligroso cuando ya ni siquiera las muertes alcanzan a escandalizar, a asustarnos- ya dejamos de preguntarnos. Y se cuelan frases de derrota en esa ruptura del tejido social, como: “es que así está en todos lados”, “los maleantes dominan el país” o “la culpa es del gobierno”. Dice Eduardo Galeano que la utopía se encuentra en el horizonte, que si damos un paso ella se aleja dos, nos hace caminar. El problema es que hemos dejado de mirar al horizonte y vamos con nuestras cabezas gachas: fijos y absortos en nuestra propia esclavitud. Hemos dejado de mirar también al pasado, las lecciones de psicología positiva han tenido sus resultados, “vive el presente”. En lo personal soporto poco leer las noticias, hurgo entre los contenidos y evito lo relativo al presidente, al espionaje, y a las increíbles noticias de realce social como la boda del gobernador del Estado de México, priista. La bronca es que aparece allí aunque uno no quiera. Con todos los medios a nuestro alcance creemos que tenemos la libertad de escoger, pero es mentira, ellos dominan nuestros ojos y guían nuestras voluntades. Allí estaba la nota que me importaba un pepino, con sus 600 invitados -¡es ridículo!- y por otro lado muy escondidas noticias como el asesinato de cuatro jóvenes en Durango. No es posible que personas de cargos públicos, burócratas que deberían trabajar por el bien común se vuelvan personajes más intrigantes que los rockstars. Hace algunos años, en la era del –rockstar- Felipe Calderón me dediqué por unos meses a contar las muertes violentas en nuestro país. Era frecuente llegar a las 200 diarias. Aquella búsqueda infinita me comenzó a afectar bastante, jamás terminaría. En mayo pasado se contaron 2254 homicidios dolosos y 1246 culposos en todo el país. Pero yo ya no cuento. Nada importante pasa ya para que este país cambie. No esperemos que ocurra en voz de los políticos, ellos sólo tomarán sus cargos y harán las pocas cosas que se les ocurran para cumplir y las muchas que se les ocurran para robar. O bien, sigamos inmersos en este valle de lágrimas, sacando día a día la fuerza para seguir adelante. Ahora sigo una sola columna semanal, la de Guillermo Fadanelli. Es una voz de aliento venida desde la contemplación del abismo, me anima, me da un poco de esperanza.

Caídas



Con los años y las decepciones vividas de repente uno cree que ya estuvo. Que ya nada -además de la muerte de un ser querido- puede volver a dolernos. Hasta que de repente pasa: alguien hace algo tan terrible como para derribarnos días enteros... Y es peor cuando ni siquiera tienen la decencia de disculparse. Entonces se llora y se reviven antiguas dolencias que parecían sanadas. Con mucha voluntad, meditación y borracheras uno puede encontrarse nuevamente completo y decirse a sí mismo: sigo vivo, se siente, se atraviesa a la realidad, cada vez más hecho a la idea de que así son las cosas. Nos sacudimos las rodillas, minimizamos la traición de aquel a quien le abrimos todas las posibilidades. Justificamos al otro con nuestra propia culpa por dejarnos vencer. Intentamos bailar nuevamente, pero temerosos definitivamente, con la predisposición para volver a caer… y es que vienen los golpes cuando uno menos los imagina.

viernes, 16 de junio de 2017

Se trata sólo de poesía. No es amor ni nada.



Se trata sólo de poesía: no lo entenderías
hiciste de mi cuerpo una casa
de mi aliento y mi escucha una pausa
Dormimos, enredados con el heno en la garganta
Volvías cuando querías como visitante a un familiar cercano 
(allí hay cervezas)
Y yo en escucha, febril y desgastada
Puedo llorar tanto que me cohíbo
Puedo llorar tanto que mis lágrimas delatan
la sonrisa que me he dibujado con tanto detenimiento
Lloro porque has quemado mis esperanzas. 
Lloro porque no tienes vergüenza
y yo… yo aún te espero
Es que se trata de poesía. 
jamás entenderías.

Columna 9: Hipocresía

Básicamente he ido en la vida tolerando a los otros. Ahora entiendo porque muchos viejos se vuelven amargados y pusilánimes. Que difícil se puede volver tolerar la antipatía de alguien que nos atiende o las sonoras risas de un compañero de asiento en el metro, los berridos de un niño berrinchudo que sus padres no tienen la menor idea de cómo controlar. Estas desventuras en el transcurrir del estrechamiento social pueden verse tan alegre o amargadamente como la vida nos haya llevado a ver dados los escenarios previos que nos mostró. Nuestras venas se recubren de esencias con cada experiencia vivida, con cada desafortunado o afortunado encuentro con los otros. La amargura es savia que circula por el torrente sanguíneo. Exactamente: soportar. No nos enseñan a no tener que soportar, sino a ser complacientes y educados. Y entonces vamos por la vida tolerando a todos los que parecen más fuertes, aguantando discriminación, injusticia, engaño. Además debería enseñarse que nadie tiene porque soportarnos, que nadie tiene el deber de cargar con nuestras necedades y mentiras. Se debería enseñar a ser para los otros buena disposición y alegría, claridad e impulso… y no a hundirlos, humillarlos y luego ponerles el pie encima. Además en nuestros países conquistados esto se vive más familiarmente, parece que nos sentimos cómodos con ello. Hace falta decir “no” una y otra vez hasta que nos demos cuenta de cómo eso puede cambiarnos la vida. En el fondo lo deseamos tanto, quisiéramos gritar y mandar a la tierra de la chingada a tantas personas… pero nos hacemos los hipócritas, tomamos un poco de aire y jugamos a que los roles algún día cambien.

martes, 6 de junio de 2017

Columna 8: Basura

"Soy como un nazi. Si me dicen mata, mato."
Eso me dijo mi supervisor en el trabajo un día. No vale la pena recordar la situación ni el momento en sí, la verdad es que casi lo he olvidado, pero esas palabras son como un sello puesto en su frente y desde ese día para mí se convirtió en una bestia sin escrúpulos. Por supuesto que no es la primera vez que escucho algo así, sobre todo de gente a la que se le ha quitado el derecho de pensar o que en el transcurso de la vida y demás ocupaciones ya ha olvidado cómo. Es lamentable que la maquinaria laboral nos haya convertido en simples piezas completamente reemplazables y que además estemos de acuerdo con ello acostumbrados a girar día a día con o sin aceite. Ya nada me sorprende. Estos lugares -de lujo- están forzados a funcionar de manera excepcional, simulando que la educación es agua fresca que fluye en su corriente natural, pero eso no es verdad. Es una ilusión que debe pagarse a un precio muy alto. Es curioso que la amabilidad y buenas maneras -desde el sonreir- deban estipularse en listados impuestos por empresas que aseguran a los dueños del mundo que recibirán el trato exclusivo que se merecen en cualquier lugar, sin importar otra cosa. Y lo más curioso de todo es que se hagan cumplir por jefes que llaman a sus subordinados: "basura".

martes, 30 de mayo de 2017

Columna 7: Fuegos artificiales



Volver a la ciudad es dejarse envolver un poco por el caos, pero con la seguridad de estar en casa, puesto que el propio corazón se llena de felicidad por volver a encontrar a las personas más entrañables. Guadalajara es una ciudad difícil de habitar, difícil para sobrevivirla a pesar de su magia un tanto oscura... en lo personal no he encontrado la manera todavía, entonces le huyo cuando no se me presenta otra panorámica. Además esto de huir asemeja una pequeña muerte, en la que uno se ausenta, se esconde y vive un poco aislado de ese fluir de los días y del tiempo en la ciudad natal, en la que están los lazos más resistentes. La mar de las historias… se deja uno llevar por el rio, por alguna vena abierta que no se sabe en realidad a dónde habrá de desembocar. A veces quisiera quedarme ya de fijo allí, y anunciar mi domicilio como algo parte de mi identidad, de mi naturaleza, de mi dominio. Irme, continuar yéndome me permite verme y verle desde otro ángulo, bajo diversas circunstancias en territorio desconocido. Aunque no tengo la certeza de en qué momento inició mi travesía y aunque mucho menos tengo idea de cuándo terminará, por alguna razón sé que será cuando desee volver a casa y quedarme allí para esperar a la muerte definitivamente, sin miedo alguno. Hay respuestas que sólo pueden encontrarse con la lejanía y sentimientos que sólo pueden aflorar cuando falta un poco de riego. Lamento el tono grisáceo de estas letras puesto que se tiñieron en el camino de regreso con la nostalgia que implica la desdepedida, cuando el nos vemos anuncia también la despedida siguiente.
Justo al volver a la ciudad en la que ahora habito, recibí un mensaje de mi madre: se acabaron los fuegos artificiales, decía.