sábado, 16 de agosto de 2008

lunes, 4 de agosto de 2008

María


A casa de abuelita…. ¡vamos a casa de abuelita! Un escenario nuevo en la semana, otros juegos y otras caras…. Sacudo mi vestido y ajusto el listón por la espalda… mis padres no llevan otro color además del negro… es un poco extraño pero al final es lo menos importante. Caminamos un par de cuadras que me parecen eternas, espero encontrar a Lucí, mi prima, y ponernos a jugar con las muñecas viejas de abuelita.

Y allí está la casa, un azul pálido y una ventana con barrotes toscos, negros y empolvados… cerrada, por cierto, a pesar del bochorno que causa la caída del sol en las casas de grandes patios al centro. Son tres los desconocidos que acarician la puerta de madera carcomida por la polilla… un seco buenas tardes de su parte y el grito repentino de mi tía al ver a mi madre… abrazos y llanto… mejor me cuelo entre la gente que ocupa el pasillo y entro a la recámara de abuelita… tal vez hoy esté de pie, varios días la veo en cama… y si no pues de nuevo a darle besos y a contarle cuentos inconclusos… aunque cada vez se ve más cansada tras el grueso y verdoso cristal de sus anteojos… puedo llegar hasta su cama, estoy dispuesta a trepar, pero una mano me detiene…. Y ahora veo toda la escena… abuelita duerme profundamente, y Rodrigo, mi primo, la toma de la mano… un tanto desesperado le dice que despierte…. Este lugar parece una gran fiesta, y parece que todos esperan a que su anfitriona se levante… muchos llegan con flores y la casa huele diferente a diario… algo pasa… todos lloran y se toman de la mano… nadie se mira… todos lloran… abuelita no despierta… y yo la veo desde la misma esquina… abuelita amarillenta… con sus arrugas caídas…