jueves, 23 de mayo de 2013

Caja de mangos

I.


Qué tan corto es mi cabello para que tus manos no lo alcancen
Mis piernas tiemblan de frío
se hunden en el mundo
gritos que no escucho
que no alcanzo a descifrar 
Me rompo bajo la luna por toda la noche
toda ésta y todas las que queden infinitamente
Y en mi abrazo
se pierde el absurdo de tu nombre…



 II.


Mi cabello sigue creciendo

Te recuerdo, te digo, te recuerdo.

Uno puede decidir no hablar de amor más, y emocionarse con la temporalidad,
la ubicuidad y el dulce sabor del mango.

Ahora no se llama dolor
                   es el nombre propio a secas,
        sin lazo amoroso: nos hemos ido tan lejos, nos somos tan desconocidos,

siempre lo fuimos –diría enseguida.

Aunque dormimos juntos y dibujaba tu espalda en lo eterno -por la eterna broma de lo eterno-

Me aprendía estas letras entonces, -sabía que las necesitaría-

          mientras preparaba el café o esperaba en la madrugada con el miedo merodeando

No se quién eres, no se quién hube de ser.

No me levanto de la cama en todo el día -uno de esos días-


y en mis letras tu nombre.