lunes, 18 de agosto de 2014

Suaves palabras, dulce de miel, almíbar nocturno.

Siempre miras, incluso cuando duermes, como sujetándote de las pezuñas, hinchando tu cabeza con ideas irrealizables mientras te encuentres en la cama. Basta. Mejor escribiré sólo palabras suaves, porque siento astillas encajarse en mis dedos, y cuando eso pasa o hay que callar o hay que acaramelar el momento: todo se soluciona por medio de la palabra. Si es que no se ha, ya desbordado. Parece por el texto, por el entre-texto que he vivido muchas vidas en la misma. Que he llenado muchos vasos y he consumido muchos inciensos y velas. Tiemblo meciéndome con el viento pero repentinamente una ventisca arrastra plumas, tierra y polen, arrojándomelo todo violentamente a los ojos. Ardían. Lloré por varios minutos convirtiendo mis lágrimas en lluvia, la lluvia en charco. El charco, el charco. Dejar que corra el agua hace que el mundo se vuelva demasiado seco. Pero si intento retenerla sin control puedo ahogarme. Dejar que fluya. Y luego los oleajes y las láminas que vuelan también con el viento fuerte, es peligroso, deberías saberlo, podrían un buen día cortarte la cabeza, perderás las ideas y tu sentido del humor. Tal vez has perdido la cabeza un montón de veces y eso lo explica todo. Aunque reniegues de las faltas y despedidas sabes que lo único perdido eres tu mismo. Yo creo que he muerto varias veces, ¿debería entonces rezar?  

domingo, 29 de junio de 2014

De: Postrasfiguración y Apocalipsis

Se nos escurren rápidamente estos días,  y si uno pone atención, si uno se fija detalladamente en lo que ocurre a diario con los seres humanos puede darse cuenta que se ha rebasado toda terrorífica predicción del futuro. Alguna vez creí que el aprendizaje de errores pasados, de catástrofes y guerras, de los resultados de la avaricia, desprecio y racismo encontrarían su fin gracias al raciocinio humano, y que se contemplarían nuevas formas de gobierno, se vencería a la hambruna y toda relación entre seres vivos y naturaleza se armonizaría.  Pero ahora es más sencillo ignorar lo que nos pasa y preocuparnos únicamente por el bienestar propio. La cultura del hedonismo vuelca al ser humano en la oscuridad del pensamiento. Estamos idiotizados. Tan cansados de vivir estamos que es necesario tener un teléfono inteligente, permanecer conectado o lanzar un robot a la luna.
Suele llamarse “crisis”, pero es evidente que esta se ha desgarrado, ha sido llamada así para crear la ilusión de que un día despertaremos y habrá desaparecido. Parece más “decadencia” o cualquier demonio responsable. Lo que pasa es que el ser humano está volviéndose otra cosa.
Aunque seamos cada vez más personas, el ser humano se está extinguiendo.
Tal vez todos estaremos enfermos o cambiados en un futuro, voluptuosidades balbuceantes, sumamente violentas, dependientes de dispositivos y adoradores del dinero.
Seguro es el vómito del tiempo todo… Todos arrollándonos en una maraña de problemas sociales. En una red de ideas tergiversada por la accesibilidad. La "crisis" envuelve como fina gasa que lo cubre todo. Hay gran temor de que las cosas sigan así y empeoren… que además según expertos en áreas diversas lo más seguro es que todo empeore. Se contemplan tantas apocalípticas posibilidades que parece nunca llegarán de tajo porque la maldición del Apocalipsis sería la atemporalidad. La muerte lenta y dolorosa de la humanidad, refiriéndose no sólo a tantas personas que perecen o desaparecen en la catástrofe todos los días, sino a la esencia, a los aceites de humanidad que quedan en cada uno de nosotros. 
Y quién sabe ahora cuánto más seguiremos así, el mundo cambia gradualmente, singularmente. Y uno puede tajar, rasgar, detener, quebrar o acomodarse en el sofá e ir a comprarse. Parece que en las pequeñas acciones cotidianas se encuentra el desafío, que en estos momentos es crucial.  
La única forma en que el individuo siga viviendo es que vuelva a ser humano. 




jueves, 26 de junio de 2014

Voluminoso

Voluminoso, sí mucho… me preguntaba si todo se podría enrollar en un manojito y cargarlo consigo como amuleto. Al mencionar la totalidad me refiero a las pocas cosas que realmente importan. Qué pequeña puede quedar la lista… al hablar de cosas no hablo del objeto en sí… o si, tal vez del objeto en su forma absoluta y de lo que esos objetos nos separan... Pero prefiero llevar solamente un manojo de palabras hermosas (con sus respectivos silencios).                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   

miércoles, 23 de abril de 2014

Cuando caen los pétalos...


Quizás este pedazo de cristal se quiebre y empiecen a escurrir las gotas de agua dulce por el veneno de tu corazón. Entonces tu vida florecerá y el jardín de tu historia todo tome formas hermosas. No sabemos si el veneno se riegue por todo el suelo y el subsuelo de la nación y entonces todos los rostros tomen formas borrascosas y los corazones se infecten. Pero bien conocemos la muerte y nuestros pequeños males y pesadumbres que parecen tan inofensivos pueden interrumpir un segmento de vida y hacer que alguien agonice de dolor por algo de tiempo. Suponemos bien cuando pensamos que los demás son malvados como nosotros, en esa medida o cualquier otra. Somos iguales y también. Que es que los muertos, los pendientes, que es la lengua rota y el trago apretado, de saliva, de obligado perdón. Que es la nota eclesiástica la que funge como contrato, con la espera paciente de un infinito placer permitido, aunque antes el dolor, el abuso y el canto sombrío. Por mi culpa, por tu culpa, por los rencores sufragados por la misma herencia. Es que la cadena genética no ha favorecido lo suficiente, es que conquistados, nunca suficiente. Y en este constante vaivén de almas se quedan palabras a la espera de ser dichas, plegarias o quejas...