sábado, 9 de julio de 2016

Amor fati



Ahora no importa el desarrollo, ni la seguridad… no se puede intentar desarrollarse y quedarse inmóvil, tantos años. El circulo de los cinco años, el retorno cada día, cada uno igual. Imagino que hermoso hubiera sido escribir el libro de esa historia, nuevos capítulos con líneas de llanto de felicidad por volver a verse: eso hermoso, adorable. Pero he de pensar que la separación y el dolor también lo son y he de gozarlo. Que se escriben dos historias diferentes, cruzadas en un punto (es la vida). Se agradecen las desventuras también. Se trata de vivir sin pensar demasiado en lo que debe hacerse, en lo que está bien o mal… ¿y quién lo sabe? Cada uno que viva a su manera. Ser un solitario en la andanza, buscándose un cambio en el azar, un brinco del circulo, amando cada pequeño golpe y cada dolor que son inevitables, como es inevitable la polvareda que llega en medio de la ventisca a nuestros ojos. Otra de las otra posibilidades sería quedarse encerrado, cómodo en su escritorio, lo cual se puede para las grandes mentes que no necesitan moverse de un lugar para viajar. En el mundo capitalista, en esta sociedad llena de lugares, clasificaciones y letargos hay todos los preceptos necesarios para hacer cualquier cosa; ya no queda pie a la imaginación o al propio trazo del destino por fatal que este resulte, todos tratan de asegurar el futuro y la noción del presente se desvanece en un compendio de lo que debemos hacer, de los pasos para lograrlo, del lugar ideal al que se debe pensar llegar. Además de evitar el dolor, la imperfección, la incomodidad. ¿Y si no ir a ningún lugar? ¿Por qué no? Es insoportable que la vida se haya vuelto un régimen disciplinario convulso de yuxtaposiciones. No hablo de libertad y mucho menos intento hacer un prontuario de los vicios sociales de occidente. Hablo de la vida, del amor al destino, del amor fati.