sábado, 29 de octubre de 2016

Tu risa, fuego, caricia


Mi camino es distinto al tuyo. Pero en el punto que se tocan nos tomamos de la mano y miramos juntos hacia todas las direcciones, las tuyas, las mías y la de ambos que se crea frente a nosotros como una línea de bruma. Nuestros caminos son distintos, no sabemos hacia dónde nos lleven. Me da miedo soltarte la mano, me da miedo perderte en medio de la niebla, pero no debemos temer. Nos hemos encontrado por casualidad en este mundo grandísimo de millones de posibilidades, y como dices, cada uno vive su proceso diferente. No sé si es el amor perfecto… que no estemos juntos y estemos, que nos pensemos y nos digamos lo cierto, lo incierto.
Un día que íbamos en el supermercado tú adelante y yo atrás, te imaginé con nuestra hija en tus brazos… los miré con todo el amor, estaban allí, y ella pequeña de dos años, con su cabello corto y rizado, te daba besos en las mejillas, rodeando con sus bracitos tu cuello, no sé qué le decías pero ella se carcajeaba tan sonoro como tú, todos alrededor la miraban con simpatía. Y yo, me quedaba atrás contemplándolos, mi vida, son mi vida, pensaba.
Fue muy clara esa imagen, -no es que me piense habitualmente siendo madre-, pero mi vida es entonces por momentos la ilusión. He pasado mucho tiempo viviendo de ilusiones, y no creo que sea un error. Son chispazos de felicidad que el cerebro recrea, quizás por razones hormonales, oxitócicas o de instinto como conservación de la vida.
Entonces salí por un momento al baño. Al mirarme en el espejo esa parte nebulosa del camino que se me ocurrió pisar se desvaneció con un puchero y recobré mi dirección solitaria. Y recordé las cosas que necesitaba comprar ese día.