martes, 11 de abril de 2017

Columna 4: Alivio



“Te huyo por no rendirte mi albedrío, y cuanto más me aparto más te ansíoAnatole France.
Alivio. Comprensión y libertad. Te dejo libre. Sin más. No hay nada por pedirle a nadie. Es un paso en la cabeza y en el corazón. Intento sobrevivir de la escritura en estos días violentos en los que la realidad ha rebasado a la ficción por mucho. En los que las ideas de todos los tiempos, convergen y se enfrentan, entre sociedades, entre vecinos… entre grupos y religiones. Así como es difícil luchar por algo en común cuando estamos tan divididos. Igual que para un ser humano es difícil vivir si no sabe y no tiene idea alguna de para qué.
¿Hay un fin en las historias humanas? La verdad es que no, sólo suceden cortes, mutilaciones en las relaciones pero por lo general cada persona nos cambia, de alguna manera… las historias no terminan ni con la muerte, siguen su curso, siguen creando nuevos personajes, gusanos, fantasmas, recuerdos, palabras. Las historias tienen espacios que nos conmueven, que han de extrañarnos, que nos sorprenden, que nos alivian… algo nos provocan, algo nos cambian, nos remueven. Vivimos allí inmersos escribiendo nuestra propia historia.
Aunque parece un poco pesado continuar sin concluir, sin hacer cortes definitivos con distintos personajes y los psicólogos de la gestalt no lo recomiendan puesto que es necesario cerrar círculos, las historias son siempre los colores que podemos combinar para terminar nuestro cuadro, los ladrillos con los que construimos nuestra casa, o ese bulto de todos los materiales que se cargan en la espalda, la cosa es saber hacer uso de ellos cuando les necesitamos.
¿Es entonces verdad que vivimos sólo en el presente? Pareciera más sano y más práctico, pero nuestra visión de los momentos depende de la graduación que hemos obtenido con todo lo pasado y los ajustes que pensamos hacer en el futuro. No caminamos sin voltear a todas las direcciones, porque habríamos perdido por completo el rumbo. Así es el lenguaje, así están determinadas nuestras acciones. Soy todo lo que fui, lo que sueño, lo que hago, soy aquello que perdí y lo que me limito a decir. El alivio está siempre en la palabra.

sábado, 8 de abril de 2017

Sincronía



En el silencio, todas las lenguas blanden
en este cuadro del instante al acto
del acto al misterio
¿De dónde salieron las lágrimas?
¿De que rincón del cuerpo que quizás está enfermo?
De todo. Sencillo: la enfermedad se riega por completo
en el torrente sanguíneo, en cada agujero que permee el pecho
En silencio las lenguas se lamen y se pasan venenos,
vidas, antiguas penas y deseos inciertos

martes, 4 de abril de 2017

Columna 3: WELCOME TO THE FLESH MARKET



No sólo se dejó de llevar rosas a las mujeres. No sólo se dejó pasar eso de que a las mujeres no se les toca ni con el pétalo de una rosa. Si no que ahora las espinas de los rosales son enterradas en sus gargantas. Sus cuerpos convertidos en despojos son echados a los basureros. En lo personal no recuerdo cuándo fue la última vez que caminé por la calle sin sentirme insegura, generalmente voy a la defensiva, tengo que cruzar la banqueta si veo un grupo de hombres, prefiero evitar sentarme junto a ellos en el transporte público. No es miedo, es una simple precaución que ya se me ha vuelto costumbre. Pero los hombres pueden, se sienten con el derecho de invadir el espacio de una mujer, pueden. Se han sentido con el derecho de “tomarlas” y de “poseerlas”. Ser mujer  especialmente en estos países sometidos y no verse alguna vez en la vida agredida o menospreciada es casi cuestión de suerte, un volado que muchas no tienen oportunidad de contar con una sonrisa en los labios. Esta semana murió Jenni, una joven que hace un mes fue quemada por su esposo. Porque pudo, porque quiso. Esta semana también, un juez llamado Anuar González Hemadi otorgó amparo a uno de “Los Porkys” asegurando que no había en él lascivia ni deseos de copula. Cosificando el cuerpo femenino, permitiendo que en la ley se hable de este como un lugar común en el que los hombres pueden meter mano y no ser culpables si lo hicieron sin excitación. En alguna ocasión un conocido me dijo: “bienvenida al mercado de la carne”. Por aquello de que las mujeres “trabajan” su cuerpo y su imagen para venderles a los hombres. Entre más se trabaja más oportunidades de que a alguno le interese. Estúpido, pensé. Pero quizás tenía razón en el punto en el que el capitalismo ha atravesado a los individuos, y efectivamente ocurren los fenómenos que en cualquier mercado, se trafica, se roba, se usa, se mata y las mercancías son las mujeres, los menores, los débiles.