martes, 30 de mayo de 2017

Columna 7: Fuegos artificiales



Volver a la ciudad es dejarse envolver un poco por el caos, pero con la seguridad de estar en casa, puesto que el propio corazón se llena de felicidad por volver a encontrar a las personas más entrañables. Guadalajara es una ciudad difícil de habitar, difícil para sobrevivirla a pesar de su magia un tanto oscura... en lo personal no he encontrado la manera todavía, entonces le huyo cuando no se me presenta otra panorámica. Además esto de huir asemeja una pequeña muerte, en la que uno se ausenta, se esconde y vive un poco aislado de ese fluir de los días y del tiempo en la ciudad natal, en la que están los lazos más resistentes. La mar de las historias… se deja uno llevar por el rio, por alguna vena abierta que no se sabe en realidad a dónde habrá de desembocar. A veces quisiera quedarme ya de fijo allí, y anunciar mi domicilio como algo parte de mi identidad, de mi naturaleza, de mi dominio. Irme, continuar yéndome me permite verme y verle desde otro ángulo, bajo diversas circunstancias en territorio desconocido. Aunque no tengo la certeza de en qué momento inició mi travesía y aunque mucho menos tengo idea de cuándo terminará, por alguna razón sé que será cuando desee volver a casa y quedarme allí para esperar a la muerte definitivamente, sin miedo alguno. Hay respuestas que sólo pueden encontrarse con la lejanía y sentimientos que sólo pueden aflorar cuando falta un poco de riego. Lamento el tono grisáceo de estas letras puesto que se tiñieron en el camino de regreso con la nostalgia que implica la desdepedida, cuando el nos vemos anuncia también la despedida siguiente.
Justo al volver a la ciudad en la que ahora habito, recibí un mensaje de mi madre: se acabaron los fuegos artificiales, decía.

jueves, 18 de mayo de 2017

Estado de no derecho

En alguna reunión con amigos extranjeros radicados desde hace tiempo en México hablábamos de su probable adquisición de la nacionalidad. Uno de ellos elocuentemente escandalizado ante tal idea decía amar a este país, sentirse como un mexicano, pero que en todo caso le daría miedo ser uno más, pues desgraciadamente su vida tiene un valor más alto conservando únicamente su nacionalidad europea. Teniendo prácticamente los mismos derechos, a excepción del voto, por el cual, a como son las cosas aquí, no tendría caso gastar 6 mil pesos. Aunque nos llena de orgullo ser mexicanos, ¿enr qué nos beneficia? ¿Cómo es que hemos permitido que este país sea dominado por unos pocos saltimbanqui? ¿En qué momento nos quitaremos el pie de la garganta?, ¿cuando vuelva a subir la gasolina? Según el International Institude for Strategic Studies, México es el segundo país más violento del mundo, detrás de Siria, medición que las autoridades se apresuraron a rechazar contundentemente con engorrosas justificaciones. En lo personal esta podredumbre me afecta demasiado, hay algo que se alcanza a regar por el torrente sanguíneo como una enfermedad, es un dolor y una tristeza que forzosamente se distribuye en este lugar de heridas irreparables a como puede diagnosticarse. Y parecemos habitar en burbujas: nada de lo externo nos afecta hasta que esa delgada cobertura se rompe con un pinchazo que nos deja tumbados en el suelo, contemplando el caos. Este país es una tragedia perpetua, en el que se necesita el más oscuro de los humores para acariciar suavemente a la comedia.

martes, 9 de mayo de 2017

COLUMNA 6: Mudanza



La semana pasada un tipo me ayudó a transportar un colchón de mi anterior estudio al actual. El hombre vestía de blanco, pantalones cortos y camiseta mitad fajada, mitad fuera como disimulando la colgante barriga. Estaba manchada de algún líquido rojo. Al presentarse me dio el tufo de aquel que dejó de tomar un par de horas antes para curar la peda del día anterior. Alcohol, sudor, pedos y eructos eran la mezcla que se alcanzaba a distinguir al abordar su camioneta. Me pidió disculpas por la suciedad y desorden. Luego, tras darle las indicaciones de mi nuevo domicilio inmediatamente comenzó a pavonearse: se aplaudía su éxito laboral, se justificaba por hacer fletes –sólo en temporada baja, decía- hablaba sobre su departamento, sus ganas de irse a vivir a Canadá, su próximo viaje a Guadalajara, su divorcio, su independencia. Al hablar sus ojos se salían dejando ver sus venas rojas y grisáceas. Estuve feliz de llegar y me apresuré a bajarme de aquel tugurio. Me ayudó a subir el colchón y me apresuré a pagarle… Entonces me di cuenta que no sería tan sencillo sacarlo de mi habitación. Como es mi costumbre cuando un escenario me incomoda, comienzo a analizar las posibilidades de que ocurra algo, las formas de huida, instrumentos de defensa y las características físicas de mi oponente. Esta sensación se repite con frecuencia. Me cuido de los hombres y me cuido de los perros callejeros: son peligrosos y en realidad cuando atacan no hay mucho más que hacer, sólo resistir... Por fortuna se despidió amablemente ofreciéndose para cualquier cosa que yo necesitara sin volver a cobrarme, después me envió una perturbadora imagen de un ramo de rosas. No quiero sentirme vulnerable pero he aprendido a vivir con límites, de caminar, de sentarme en determinado lugar, de cruzar una calle, de salir a cierta hora. Hoy estuve llorando por los últimos asesinatos ocurridos a mujeres en nuestro país, las demás somos sobrevivientes…  




sábado, 6 de mayo de 2017

Desolación, desambiguación.



Como una piedra que cae con fuerza en la arena. Una esponja que se estrella en el talco.  Algo, algo pesado que cae sobre cualquier montículo o superficie polvosa… y yo me veía no como una, ni como otra: yo era ambas.

martes, 2 de mayo de 2017

Columna 5: Andando en la oscuridad

Que no se me juzgue. Trataré de justificar la ausencia de dos semanas de una columna que prometí, aparecería cada martes. Estuve durmiendo en un hostal mientras encontraba casa, tan buen tiempo pasé allí, tan bueno como para no querer irme. Por esos días anduve caminando, midiendo distancias, y en bicicleta por toda Playa, toda y no toda, porque hay zonas en donde definitivamente no quería vivir, quizás porque una se vuelve quisquillosa y asustadiza con el tiempo. En esos andares encontré dos cenotes, uno de ellos especialmente apestoso, un hoyo de aguas negras, escabroso, muerto. En general no me gusta ser parte de esto, pero una trata de hacerse a la idea, cierra los ojos, escucha música. Encontré un lugar para vivir y una supuestamente amigable perra que me recibió con una mordida en la mano. Sin poder trabajar por ocho días decidí viajar, fui hacia Mérida. Allí quise, además de perderme en el centro a placer, visitar algunos cenotes. Fui al municipio de Homun, en donde conocí a Darío que en su moto taxi me condujo por pequeñas y accidentadas brechas a descubrir cinco cenotes, todos tan diferentes. Allí, verdaderamente olvidé cualquier cosa. Había buscado información e imágenes en internet y comprendí que no hay foto que refleje lo que se ve y se siente dentro de un cenote. Es en donde el tiempo, las voces y el silencio confluyen por miles de años. Darío conoce 70 de los 300 cenotes que hay en su población. Me contó algunas historias: como que las formas de las rocas son el vestigio de almas, que un cenote virgen puede pedirte que salgas, con voces, viento y movimiento agresivo del agua. Después fui a Tecoh, a las grutas de Tzabnáh: adentro hay 13 cenotes. Allí Tomás fue mi guía, increíble... Él ama ese lugar, le pide permiso para entrar, lo acaricia, ama sus formas, su silencio; entra solitario cuando quiere estar solo, va a nadar en días de descanso. Vive parte de su vida bajo tierra y tras cinco años de trabajar allí todavía se pierde y también puede salir sin la ayuda de una linterna. De repente se escucha una gota de agua que se ha deslizado lentamente por los cuerpos rocosos. Aquello es un museo en tinieblas, lleno de texturas, brillos e historias. Y nadar allí, me lo dijo quien me recomendó visitarlo: "es como flotar en el universo". Pensé que podría sentir miedo allí dentro pero lo duro fue salir y enfrentar al mundo, de hecho me pareció tener un ataque de pánico en el colectivo... Miedo, es decir a los humanos.