jueves, 2 de junio de 2011

Aspavientos

Molinos blancos al pasar en un tren que lleva pocos pasajeros. Los campos perfectos en el corte de la hierba llaman al sueño. Volver a dormirse después del desayuno. Pararse al baño sólo para ver la vía desvanecida…Vértigo profundo… un brinco acelera el pulso. Ya no se puede estar sentado… el cuerpo pide estirarse en superficie acojinada. Se quieren tomar tantas fotos pero no hay luz suficiente y si un movimiento perpetuo. No hay calefacción y los pies están helados. Quisiera abrazarse a otro cuerpo. Ése que se sostiene en la ventanilla. Se dormita. Se es asustado por un oficial que revisa pasaportes, a eso de las 4 de la mañana. Se piensa en este país, y en la patria, y en la rabadilla cansada. Un pasajero tiene problemas. Toma su maleta y sale. Ahora la cabina tiene un motor menos, se enfría. Queda otro cuerpo. Se acerca. Sube la temperatura a más de 30º. Se le mordisquea, se le frota. Se ven los primeros rayos del sol con las pupilas aún dilatadas. Acomodarse las ropas, hacer como que se arregla el cabello. Decirse cualquier cosa. Escribirse las direcciones. Pararse el tren. Caminar juntos hasta la calle y de allí separarse.

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