domingo, 4 de noviembre de 2012

Cinco mujeres

En medio de una noche accidenta, de somnolencia irregular e intensas ganas de levantarme y beber alcohol dejo la conciencia y me encuentro en una colonia de Guadalajara que conocí bien en mi niñez. Voy de visita a casa de mis padres. Cuadras pequeñas, callejuelas iguales de apenas 20 metros. El sopor del atardecer hace que mi paso sea cansado y me falta el aire. Apenas recuerdo el camino. A una cuadra de llegar me encuentro con cuatro cuerpos desnudos de mujeres que podrían tener mi edad, están apretujados y uno de ellos al parecer fue defecado por su ejecutor. Me quedo mirándoles, trato de reconocerlas, es imposible. Sus rostros están golpeados, deformes. Unos cinco metros adelante se encuentra el quinto cuerpo, en las mismas condiciones. No hay nadie en la calle, pero obviamente todos lo saben. Corro a casa de mis padres. Reviso puertas y ventanas. Se que vendrán por mi también, y mi cuerpo terminará rasgado en una de estas calles. El miedo se incrusta en el inconsciente, los sueños se han vuelto impresos rojos de la realidad. La realidad de nuestro país. 

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