miércoles, 9 de febrero de 2011

Al diablo el Lamborghini

“Cuando se inventó el automóvil, este debía procurar a unos cuantos burgueses muy ricos un privilegio absolutamente inédito: el de circular más rápido que los demás”. André Gorz


Medias de seda, red que apenas deja que se asome la piel de las piernas. De mujer, supones, y la dibujas repentinamente en un halo constructor de imágenes que está entre tus recuerdos y tus más lejanas fantasías… Rugido de motor nuevo, lamborghini diablo, individuo de poder extremo, del cual no importa el rostro, ni el nombre, sólo que tenga las llaves… Peinado alto, melena rubia, aroma floral intenso, cuello con pliegues profundos del que se ata una gargantilla de brillantes: señora distinguida, dama de honor.

Ante el temor de verse solo, desnudo, y frágil, el ser humano creó a los objetos. Estos se le arrojaron encima, exigiéndole poseerlos. Puesto que son capaces de crear espejismos, cubrir carencias y agujeros en la existencia, él no pudo negarse.
Aun cuando los seres humanos son replicas de barro variables en formas, colores y tamaños han adquirido valor de acuerdo a lo que tienen, utilizan o llevan puesto.
Para René Magritte la ideología burguesa siempre necesita los símbolos como algo en que apoyarse para no encontrarse ante el vacío.
Los objetos han sido dotados de simbolismos y propiedades mágicas. Despiertan pasiones desmedidas, son generadores de poder y prometen la felicidad. Es por eso que una de las connotaciones más aterradoras de la muerte es renunciar a todo lo que se posee.
Mientras se viva, se tendrá, si se tiene se es. Para armarse de valores y existir, el individuo hace lo necesario. (Vender el alma al diablo o acumular algunas ajenas).
74 mil millones de dólares (cifra para comprar a todos los demonios del infierno y para asegurar que la catástrofe maltusiana no alcanzará a los propios por generaciones ).
Dice Dominique Laporte que "...el Estado invita a los sujetos de derecho a posar sus culos sobre sus montones de oro". Y al final todo se irá a la mierda. (Or not Mr.Slim?)
En un sueño un maremoto de objetos se nos venía encima. Muchos morían aplastados. Quienes sobrevivían debían renombrarlo y utilizarlo todo con el objetivo único de sobrevivir.

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