sábado, 7 de mayo de 2016

Nada nuevo

A veces, cuando pienso en la eternidad me arrepiento. Es un concepto que nos amarra en vida a alguien y no nos deja entregarnos en el momento preciso. La eternidad nos da pie a pensar que podremos expiar nuestras culpas después… que tendremos un castigo o una recompensa a nuestro sacrificio. Lo único cierto es que tenemos un tiempo de vida, que somos mortales y que un descuido abruptamente nos roba el aliento y todos los daños causados, o el buen aporte hecho se queda acá… y punto. Entonces hay una prolongación de nuestras acciones en la tierra… pero tampoco pueden ser eternas. La eternidad da una calma ceremoniosa para quien sufre una pérdida. En el pensamiento religioso se otorga una recompensa prometida para quien ha sufrido o ha sido postergado, sobajado. Para la víctima se espera eterna felicidad. 
Permitir que nos sigan haciendo daño no es amar la vida… es amar una idea, es egoísta. Por nuestra propia salvación dejamos que los poderosos sigan sirviéndose. Ese no es el mundo que ninguno de nosotros se imaginó de niño… que ahora no queremos que los niños se enteren que es.

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