Últimamente creía que la vida no merecía la pena… que estaba
agotada. Era absurdo, toda esa absurdidad le había penetrado la mirada y su corazón
parecía una esponja desbaratada. Había salido siempre con personas centradas en
sí, y ella sabía seguirles muy bien el juego… podría considerarse falta de carácter
o fragilidad pero se necesitaba una buena dosis de fortaleza y locura de su
parte. Quizás su pasado sueño por ser analista le había llevado a fijarse en
pacientes potenciales a los que de alguna manera pudiera ayudar… e intentaba
cada día eso. Le atraía profundamente. Aunque tardó tiempo dar cuenta… por eso
terminaba agotada y con ganas de no saber de nadie. Escribía esa mañana, antes
de ir a trabajar cuando una bala pérdida cruzó su tórax. Se desplomó. Entonces pensó
en las cosas buenas, en sus padres, familia y amigos, en las veces que había sonreído,
en esa curiosa forma de amar. No pensó en lo destruido que estaba su país o el
mundo. Intentó hablarle a alguien para que la ayudara, pero la fragilidad de su
cuerpo y de todos sus sentidos se había desplegado en el suelo formando un
espejo oscuro de sangre.
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