jueves, 2 de febrero de 2017

Fantasía en el estudio 201



Últimamente creía que la vida no merecía la pena… que estaba agotada. Era absurdo, toda esa absurdidad le había penetrado la mirada y su corazón parecía una esponja desbaratada. Había salido siempre con personas centradas en sí, y ella sabía seguirles muy bien el juego… podría considerarse falta de carácter o fragilidad pero se necesitaba una buena dosis de fortaleza y locura de su parte. Quizás su pasado sueño por ser analista le había llevado a fijarse en pacientes potenciales a los que de alguna manera pudiera ayudar… e intentaba cada día eso. Le atraía profundamente. Aunque tardó tiempo dar cuenta… por eso terminaba agotada y con ganas de no saber de nadie. Escribía esa mañana, antes de ir a trabajar cuando una bala pérdida cruzó su tórax. Se desplomó. Entonces pensó en las cosas buenas, en sus padres, familia y amigos, en las veces que había sonreído, en esa curiosa forma de amar. No pensó en lo destruido que estaba su país o el mundo. Intentó hablarle a alguien para que la ayudara, pero la fragilidad de su cuerpo y de todos sus sentidos se había desplegado en el suelo formando un espejo oscuro de sangre.

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