martes, 21 de marzo de 2017

Columna 1: Certezas en primavera




Hace años mientras estudiaba psicología, uno de mis dos maestros favoritos, quienes me acercaron el psicoanálisis, me dijo: es tiempo de que estés segura de algo. Entonces no estuve cierta de seguridad, estaba completamente perdida en el estudio. Me enfrentaba a posturas, corrientes y profesionales atacándose por “eso” de lo que se mostraban seguros. Todos defendiendo su catálogo de ideologías, por más pobres que estos pareciesen. Entonces, estuve segura de que no quería ser psicóloga. De que no quería encerrarme en una profesión y olvidarme de las dudas. Otro profesor de alguna materia de mucho menos interés dijo: deben estar listos para cualquier cosa en la vida, hasta para cocinar, de ser necesario. Eso me pareció de lo más sensato, aunque todas las compañeras conjugaron sus divertidas carcajadas. La mayoría solía hacer todas las estúpidas dinámicas, concentradas y confiadas… recuerdo alguna vez que brincaban mientras un libidinoso profesor contemplaba el movimiento trepidatorio de sus tetas desde el escritorio. Me quedé sentada contemplándolas también. Dice Bukowski que “La gente es el mejor espectáculo en el mundo. Y ni siquiera hay que pagar por la entrada”. Hoy en el comienzo de la primavera de 2017 estoy segura de que no hay partido político que responda a las necesidades de nuestro país, de que el país se ve como una instancia aparte, separada de la gente más necesitada. Hay millones de mexicanos excluidos de nuestro propio país, ¿qué podría pedírsele al país dominante del norte? Hay montones de fosas con huesos y nombres revueltos y echados al mismo hueco de desaparecidos. Estoy segura de que ningún partido político y ningún candidato de esta vieja escuela puede resolver los problemas que bien conocemos. Ninguno puede resignificar lo que la idea de nuestra nación es. Hoy estoy segura de que hay que partir de cuestionarse siempre y de imaginar. Estoy segura de que gusto de cocinar, de leer a Bukowski y de citarlo como a continuación y para concluir por hoy: “Me gustan las personas desesperadas, con mentes rotas y destinos rotos. Están llenos de sorpresas y explosiones. Me encuentro bien con marginados porque yo soy uno de ellos”.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Desde entonces estuviste preparada para tu morada, recordar los sabores, colores, olores de ese lugar que hoy solo nos trae buenas memorias.