Hace años mientras estudiaba
psicología, uno de mis dos maestros favoritos, quienes me acercaron el
psicoanálisis, me dijo: es tiempo de que estés segura de algo. Entonces no
estuve cierta de seguridad, estaba completamente perdida en el estudio. Me
enfrentaba a posturas, corrientes y profesionales atacándose por “eso” de lo
que se mostraban seguros. Todos defendiendo su catálogo de ideologías, por más
pobres que estos pareciesen. Entonces, estuve segura de que no quería ser
psicóloga. De que no quería encerrarme en una profesión y olvidarme de las
dudas. Otro profesor de alguna materia de mucho menos interés dijo: deben estar
listos para cualquier cosa en la vida, hasta para cocinar, de ser necesario.
Eso me pareció de lo más sensato, aunque todas las compañeras conjugaron sus
divertidas carcajadas. La mayoría solía hacer todas las estúpidas dinámicas,
concentradas y confiadas… recuerdo alguna vez que brincaban mientras un
libidinoso profesor contemplaba el movimiento trepidatorio de sus tetas desde
el escritorio. Me quedé sentada contemplándolas también. Dice Bukowski que “La
gente es el mejor espectáculo en el mundo. Y ni siquiera hay que pagar por la
entrada”. Hoy en el comienzo de la primavera de 2017 estoy segura de que no hay
partido político que responda a las necesidades de nuestro país, de que el país
se ve como una instancia aparte, separada de la gente más necesitada. Hay millones
de mexicanos excluidos de nuestro propio país, ¿qué podría pedírsele al país
dominante del norte? Hay montones de fosas con huesos y nombres revueltos y echados
al mismo hueco de desaparecidos. Estoy segura de que ningún partido político y
ningún candidato de esta vieja escuela puede resolver los problemas que bien
conocemos. Ninguno puede resignificar lo que la idea de nuestra nación es. Hoy estoy
segura de que hay que partir de cuestionarse siempre y de imaginar. Estoy
segura de que gusto de cocinar, de leer a Bukowski y de citarlo como a
continuación y para concluir por hoy: “Me gustan las personas desesperadas, con
mentes rotas y destinos rotos. Están llenos de sorpresas y explosiones. Me
encuentro bien con marginados porque yo soy uno de ellos”.
Desde entonces estuviste preparada para tu morada, recordar los sabores, colores, olores de ese lugar que hoy solo nos trae buenas memorias.
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