martes, 28 de marzo de 2017

Columna 2: Quiero un iphone



Hace años leí una noticia increíble: joven chino vende riñón para comprar un iphone. En esta época es necesario repasar la relación que tenemos con la tecnología o dar cuenta de la manera en que nos ha atravesado. Estamos robotizados y programados desde pequeños para ambicionar el mismo tipo de vidas. Al menos esto ocurre a los individuos que se pueden permitir terminar sus estudios y comprar un celular. Es increíble la manera en que no se puede llevar una conversación sin que el aparato en algún momento esté de por medio, incluso para complementarla, mutilando toda espontaneidad y fluidez en el lenguaje.
Tenemos en esta época exceso de imágenes, de violencia, de palabrería vacua, de todo menos de valores. Nos consumimos los unos a los otros, nos hacen pensarnos como productos, que durante nuestra infancia debemos construirnos e invertir en nosotros mismos para llegar a ser adultos exitosos, perfectos. Los objetos se sitúan por delante de los individuos. Muchas personas creen que lo merecen todo. Creen que son distintos. Creen que son elegidos. Se creen y se crean a través de las cosas como semidioses modernos. En lo personal detesto ir de compras. Generalmente compro cuando necesito algo para determinado evento. He perdido el estilo para vestir, y la verdad es que no me importa. He aprendido a andar cómoda y ligera. Pero a veces quisiera saber lo que se siente desear un vestido o un auto y la alegría que eso provoca cuando se tiene. Entonces se ve como un “logro” y se usa para intentar decirles a los otros lo especial y diferente que se es, lo más rápido y lejos que se puede ir, en comparación a ellos. No es que me asuste, pero debemos saber qué es lo que pasa para comprender mejor las relaciones: ahora se elimina y se bloquea a las personas, se malinterpretan sentimientos. Todo se ha vuelto tan desechable. Por estos días un tweet puede provocar la muerte violenta de cientos de personas y el terror de naciones enteras.




 

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