Hace años leí una noticia
increíble: joven chino vende riñón para comprar un iphone. En esta época es
necesario repasar la relación que tenemos con la tecnología o dar cuenta de la
manera en que nos ha atravesado. Estamos robotizados y programados desde
pequeños para ambicionar el mismo tipo de vidas. Al menos esto ocurre a los individuos que se pueden permitir terminar sus estudios y comprar un celular. Es
increíble la manera en que no se puede llevar una conversación sin que el aparato en algún momento esté de por medio, incluso para complementarla, mutilando toda espontaneidad y fluidez en el lenguaje.
Tenemos en esta época exceso de imágenes,
de violencia, de palabrería vacua, de todo menos de valores. Nos consumimos
los unos a los otros, nos hacen pensarnos como productos, que durante
nuestra infancia debemos construirnos e invertir en nosotros mismos para llegar a ser adultos
exitosos, perfectos. Los objetos se sitúan por delante de los individuos. Muchas
personas creen que lo merecen todo. Creen que son distintos. Creen que son
elegidos. Se creen y se crean a través de las cosas como semidioses modernos. En
lo personal detesto ir de compras. Generalmente compro cuando necesito algo
para determinado evento. He perdido el estilo para vestir, y la verdad es que
no me importa. He aprendido a andar cómoda y ligera. Pero a veces quisiera
saber lo que se siente desear un vestido o un auto y la alegría que
eso provoca cuando se tiene. Entonces se ve como un “logro” y se usa para
intentar decirles a los otros lo especial y diferente que se es, lo más rápido
y lejos que se puede ir, en comparación a ellos. No es que me asuste, pero debemos
saber qué es lo que pasa para comprender mejor las relaciones: ahora se elimina
y se bloquea a las personas, se malinterpretan sentimientos. Todo se ha vuelto
tan desechable. Por estos días un tweet puede provocar la muerte
violenta de cientos de personas y el terror de naciones enteras.
No hay comentarios:
Publicar un comentario