domingo, 29 de marzo de 2020

Recoveco

Encontré un lugar en una habitación pequeñita en donde puedo quedarme por un rato y dejar de ser yo, olvidarme de los actos morales o inmorales del amor o desamor y alejarme de la rigidez del tiempo también. Y divagando ahí, haciéndome otra, con otro rostro y otro cuerpo, apareciendome apenas entre palabras y pujidos, señas y universos... Ahí cruzo una linea que desborda todo ánimo y todo desconsuelo. Camino hacia abajo, zigzagueando, encontrándome con otros, mis otros yoes, sin género, cansados, tumbados en la hierba o brincando ensimismados para encender una luz al final del nocturno cielo. Y mientras, en algún espacio a temperatura ambiente y olores descompuestos, estaré sangrante, derramando mieles, encendiendo velas y transformando el lúgubre ambiente en una habitación habitable, en la que haya una fiesta para Dionisio, pagana y sin final aparente. Mis otros yoes seguirán luchando por defenderse, por poner un título colgado por allí o una vid en lo alto del techo. Estarán inmersos en cantos vulnerables a las voces, a los gritos y a los reclamos de los otros yoes de los otros. Así, quizás decida que hábito un mundo diferente, que aun no es demasiado, que nunca lo será, que mi rostro y mis ideas mortales son ya viejas, fuera de allí. Mientras, vuelo en la memoria de un ave y acudo a tantos escenarios fugaces como puedo.

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