jueves, 9 de junio de 2022

Banqueta

Camino 3 cuadras para llegar al trabajo, son 10 minutos buenos de ver los rayos del sol asomándose, de dar los buenos días a las señoras barriendo las aceras, de contemplar a un árbol emblemático en esta colonia que rebasaría a un edificio de 5 niveles, es tan ancho que se necesitarían 6 adultos con los brazos estirados y las manos entrelazadas para abrazarlo. Camino la última cuadra intentando como siempre obtener alguna fotografía. Veo ese muro de ladrillos seguido por pegatinas de Netflix. Garabateo mi paso pues están descargando refrescos, hay tres trabajadores a media banqueta fumando y el camión del gas tiene reclinada una escalera en la fachada y la manguera atravesada por la banqueta. Saludo al señor de seguridad que no alcanza a levantar la vista del celular para responder. Entonces entro a la cocina, debo cruzarla, desde allí se me comienza a revolver el estómago. Subo los escalones empinados y paso por la zona del almacén, luego un espacio en donde se acumula el cartón para reciclar, luego, llego a la oficina. No hay aire ni luz natural y al parecer el local de arriba tiene justo en ese lugar el baño, entonces de repente el bajante me lanza olores a orines y cigarro. Paso horas largas allí encerrada, no como porque me da asco. Generalmente escucho chismes, si no es que me pongo audífonos para no oír nada, en lo que espero a los proveedores. Son pocos los buenos momentos, el día transcurre sin más. Salgo feliz de poder respirar afuera, de pronto me alivia estar en mi coche, en medio del tráfico. 

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