miércoles, 1 de junio de 2022

A la sombra de un jacaranda

Los minúsculos detalles de la vida son los que más se disfrutan. Hay días que las cadenas se vuelven más pesadas, hieren la piel, destrozan los huesos. Pero las palabras, esas hurtan alientos, se llevan sin más los intentos de amar, dejan el pecho abierto. Hay días en que todos los colores brillan más. Como en esta época del año en que la ciudad asombra con las tonalidades amarillas, anaranjadas, rosáceas y violetas de los árboles en camellones y aceras. Y uno se posa bajo alguna de esas sombras para apaciguar el rayo del sol que parece intentar hacerlo arder todo. Hay días, cómo hoy, que no se sabe por dónde comenzar, por dónde ir, hacia donde llegar. Hay días de desesperación. Días fugaces y momentos de sumergirse en el alcohol y las penas. Y pasa frente a nuestros ojos un colibrí, revolotea sobre nuestras cabezas y dejamos marcados nuestros pasos con el tinte que han dejado en las suelas las flores que recién estrujamos.

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