martes, 6 de marzo de 2012

En estos días de candidatos no hay tiempo para llorar.

o se puede llorar todo el tiempo...


No sabía como comenzar. Es lo más complicado, lo más peliagudo de la vida es saber que hacer con ella. Lo curioso es que lo supimos desde muy temprana edad. Al menos una vaga idea teníamos. Recuerdo como me maravilló el mundo de las letras, como iban tomando orden, siguiéndose unas a otras, como ese revoltijo de palabras podría tomar forma en una frase… como es tan fácil perderse en ese vaivén de frágiles ideas. Por eso no quise ser abogada. Por eso no quise abrir cuerpos. Aunque tengo curiosidad, como todos. Por eso no quise ser política… (¿Se es la política? ¿Se hace a la política? ¿Se le putea a la política? En realidad si pensé en estudiar algo al respecto, en pos de conseguir un leve entendimiento de esas voluptuosas palabrerías discursivas. Para entonces Salinas salía, Marcos entraba, Zedillo asumía. Pensé que podría sumergirme un poco más y seguir a mis maestros psicoanalistas, y llevar un análisis de 10 años… (Si yo ya sabía lo que quería)… Prendí el primer cigarro de la noche. Dejé de escuchar noticias. Y vinieron un montón de cosas nuevas. Cosas que no esperábamos. Sí, claro que creímos en un país justo, en regresar a puntos que en la lucha se habían olvidado. La tierra.
Pensé que seria mejor. Pensé que las cosas estaban bien, que la vida era buena, que los seres humanos lo eran.

Pensé.

Que lucharíamos.

Y me puse a buscar la forma de escribir, entre nudos y peroratas. En la locura misma, en el abandono. Cuando solamente se necesita escribir por la presencia misma, por el ritmo de la respiración, por el ser.

Y quiero decir que esto no va bien.

Que el ser humano ha cambiado. Está listo ahora para ser otro, moderno, frío. Y también para desaparecer.

Se ha capitalizado, se ha hecho materia, es su creación ahora, se ha volcado toda su curiosidad, toda su lucha, su perversidad sobre si mismo. Se ha creado sus propios demonios… y ha abandonado su libre albedrío.

Y a lo que voy, a lo que me libera un poco en esta noche perfecta de marzo, en que, escribo, por fin, sin dolores ni quejas, al que fue un cúmulo sintomático y limítrofe de fantasías de muerte. Escribo con la precisa demanda de olvidar a los candidatos a la presidencia del país, y las imágenes absurdas que los ridiculizan… de los carteles, publicidades, pendejadas que ellos mismos crean y se lanzan para tenernos como sus espectadores mudos, risueños, malditos. Debemos reflexionar. Si, sobre el país desquebrajado que habitamos y que conformamos, por esa parte desquebrajada del país que formamos, por esa vida lenta, abotagada, sostenida en la expectativa… a ver qué pasa, a ver quién gana… siempre ese ninguno, esa figurilla ridícula de presidente se llevará el paquete más gordo. Y su nombre grabado en los librillos de historia. Estas son unas tierras sagradas, que piden ser trabajadas, este es un país que podría ser el semillero del mundo.

No, dejémonos de caricaturizar a los lanzados a la carrera presidencial, carajo, ¿sabemos lo que necesita este país?, ¿usted lo sabe?, ¿sabe lo que usted necesita?, ¿cómo hacemos para “vivir mejor” en medio de las balas?, ¿cómo hacemos para “vivir mejor” sin música?, ¿cómo hacemos para “vivir mejor” entre actitudes clasistas, despectivas, racistas? ¿cómo hacemos para “vivir mejor” con personajes novelescos (de T.V.) que conducen el país? Y sin mirarnos a los ojos, y sin leer, y sin amar otra cosa que el dinero… ¿Cómo? ¿Por qué no exigir nuestros candidatos?, ¿por qué no elaborar un plan? ¿Por qué no hablar en cada esfera (sobre todo los educados) sobre todo aquello que tenemos que reforzar? ¿Por qué no educar a nuestros niños? Vaya, hemos pasado mucho tiempo viendo televisión. Hemos escuchado muchos corridos y hemos perseguido muchos sueños fatuos de vida de lujos y alabanza… de soberbia.



En un sentido simple, de propuesta, de esclarecer ideas, de abrir conversaciones de lucha, por un cambio de mentalidad, de materialización utópica. Vamos, hablemos, pensemos, y dejemos de tragarnos el show, el duelo, las guerras sucias, los fotomontajes…
Hay tanto de qué hablar…

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