I.
Qué tan corto es mi cabello para que tus manos no lo alcancen
Mis piernas tiemblan de frío
se hunden en el mundo
gritos que no escucho
que no alcanzo a descifrar
Me rompo bajo la luna por toda la noche
toda ésta y todas las que queden
infinitamente
Y en mi abrazo
se pierde el absurdo de tu nombre…
II.
Mi cabello sigue creciendo
Te recuerdo, te digo, te recuerdo.
Uno puede decidir no hablar de amor más, y emocionarse con la temporalidad,
la ubicuidad y el dulce sabor del mango.
Ahora no se llama dolor
es el nombre propio a secas,
sin lazo amoroso:
nos hemos ido tan lejos,
nos somos tan desconocidos,
siempre lo fuimos –diría enseguida.
Aunque dormimos juntos y dibujaba tu espalda en lo eterno -por la eterna broma de lo eterno-
Me aprendía estas letras entonces, -sabía que las necesitaría-
mientras preparaba el café o esperaba en la madrugada
con el miedo merodeando
No se quién eres, no se quién hube de ser.
No me levanto de la cama en todo el día
-uno de esos días-
y en mis letras tu nombre.
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