en algún momento comencé a sangrar, una afilada hoja de cristal me cortó el meñique en el que no hubo dolor pero si una fuga impresionante de sangre. Cuando la felicidad nos atraviesa pasa algo así, sangramos sin dolor pero de alguna manera sangramos. El cuerpo se aligera un poco, se debilita. Vale decir que las pérdidas generalmente son tomadas por trágicas, pero en una sociedad de poseer es difícil dar cuenta que las pérdidas muchas veces nos aligeran... al gozar algo y perderle cruentamente sólo nos queda volver a mirar el mundo.
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