miércoles, 23 de abril de 2014

Cuando caen los pétalos...


Quizás este pedazo de cristal se quiebre y empiecen a escurrir las gotas de agua dulce por el veneno de tu corazón. Entonces tu vida florecerá y el jardín de tu historia todo tome formas hermosas. No sabemos si el veneno se riegue por todo el suelo y el subsuelo de la nación y entonces todos los rostros tomen formas borrascosas y los corazones se infecten. Pero bien conocemos la muerte y nuestros pequeños males y pesadumbres que parecen tan inofensivos pueden interrumpir un segmento de vida y hacer que alguien agonice de dolor por algo de tiempo. Suponemos bien cuando pensamos que los demás son malvados como nosotros, en esa medida o cualquier otra. Somos iguales y también. Que es que los muertos, los pendientes, que es la lengua rota y el trago apretado, de saliva, de obligado perdón. Que es la nota eclesiástica la que funge como contrato, con la espera paciente de un infinito placer permitido, aunque antes el dolor, el abuso y el canto sombrío. Por mi culpa, por tu culpa, por los rencores sufragados por la misma herencia. Es que la cadena genética no ha favorecido lo suficiente, es que conquistados, nunca suficiente. Y en este constante vaivén de almas se quedan palabras a la espera de ser dichas, plegarias o quejas... 

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