jueves, 28 de julio de 2016

COLECCIÓN DE AMANECERES



Al despertar me llenaba de tristeza ver ese techo de palapa. Al despertar me llenaba de alegría ver la parte alta de la litera, la base cuadriculada del soporte del colchón en el que dormía un español. Luego, la alfombra vieja y la construcción victoriana, con su clásico ventanal. Al despertar me miraba en los pedazos del espejo que había puesto, rotos, dos yoes. Separada, en las nubes blancas de un cuarto azul. Tardé mucho en intentar unirlos. Al despertar estaba su espalda cubierta de chispas que podía contar incansablemente o seguir con el dedo sus suaves líneas tatuadas… Feliz, la besaba. Al despertar estaban los barrotes de la cuna en la que embarraba mis mocos, había toda una colección: mi primera colección, me sentía orgullosa. Al despertar en un cuarto, luego en otro, ¿dónde estamos?, ¿qué haremos hoy? Al despertar el sonido del mar, las ventanas con los mosquiteros verdes, los ronquidos de mi padre, el desayuno amoroso de mi madre. Al despertar cielo azul, pocos días, bellos. Casas distintas de amigos. Al despertar la puerta con su vista al patio central, noches, mañanas, madrugadas. Quiero cama, más cama. Al despertar, un taller, mucho desorden, intentos de ser artista, clavos, pintura, tablas, techo con humedad. Soledad, miedo. Al despertar el teclado. Corre, el teclado, el café. Nada más. Al despertar neblina, saludos al sol, las mejores fotografías. Volveré a dormir.

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