Apenas caen unas gotas. Gotea la noche con sus sudores taciturnos (esta es una
palabra consentida en la literatura) e intento hacer poesía mientras espero un garrafón de agua. Y
pienso que quizás la poesía ha muerto, que se hace poesía por dinero, como
todo.
Espero el agua y como mis uñas, fumo, fumo más, me aguarda un
cáncer, cierto ¿qué tan cierto?
Entonces pienso en palabras hermosas, pero para hacer poesía
no se necesitan palabras hermosas, pueden ser repugnantes igual… son sólo
palabras… para quien las lee pueden ser hermosas o repugnantes, así como para
mí la palabra “amor” ¿por qué no? me parece un cenicero lleno de bachichas, un
tomate verde que se ha reventado, que se le ven todas las semillitas, la
reencarnación en una cucaracha, un gotero con manzanilla o una farsa como la
política y la libertad.
Prefiero a veces pensar en un frasco lleno de moscas, y allí
vuelo, nos golpeamos unas con otras, sin vernos, y se llama humanidad.
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