Querer llorar ajeno, llorar sin luto,
sin chantaje. Llorar sin ninguna razón, como alguien que ve cerca a la muerte
-es ninguna y son todas las mismas razones por las que uno se mantuvo con
vida… esperando o amando. Y entonces se escurren las lágrimas así nada más, y se
cierran los ojos para contenerlas forzosamente, deténganse canallas…- Se
intenta pensar en un lugar arbolado, pero no es buena idea porque los arboles
acompañan a la tristeza, se mecen al ras, con tantos años que tienen para
contar de otros, de los cambios, de las amenazas… entonces pensar en otra cosa:
en salsa quizás, en lo torpe que uno es al intentar bailarla… Eso es una buena
idea para olvidarse del tropel de sentimientos. Dan ganas de llorar cuando se quiere amar
en transparencia y no se puede, dan ganas de llorar cuando uno se ha
equivocado, cuando uno se muerde los labios para aguantarse las palabras que
quieren fluir tal como los orines. Puede parecerse melodramático, hasta rídiculo o abandonado... entonces mejor se baila, se brinca y se dicen
pendejadas fuera de aparente lugar. Es extraño.
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