Mi camino es distinto al tuyo. Pero en el punto que se tocan nos tomamos de la mano y miramos juntos hacia todas las direcciones, las tuyas, las mías y la de ambos que se crea frente a nosotros como una línea de bruma. Nuestros caminos son distintos, no sabemos hacia dónde nos lleven. Me da miedo soltarte la mano, me da miedo perderte en medio de la niebla, pero no debemos temer. Nos hemos encontrado por casualidad en este mundo grandísimo de millones de posibilidades, y como dices, cada uno vive su proceso diferente. No sé si es el amor perfecto… que no estemos juntos y estemos, que nos pensemos y nos digamos lo cierto, lo incierto.
Un día que íbamos en el supermercado tú adelante y yo atrás, te
imaginé con nuestra hija en tus brazos… los miré con todo el amor, estaban
allí, y ella pequeña de dos años, con su cabello corto y rizado, te daba besos
en las mejillas, rodeando con sus bracitos tu cuello, no sé qué le decías pero ella se carcajeaba tan sonoro como
tú, todos alrededor la miraban con simpatía. Y yo, me quedaba atrás
contemplándolos, mi vida, son mi vida, pensaba.
Fue muy clara esa imagen, -no es que me
piense habitualmente siendo madre-, pero mi vida es entonces por
momentos la ilusión. He pasado
mucho tiempo viviendo de ilusiones, y no creo que sea un error. Son
chispazos
de felicidad que el cerebro recrea, quizás por razones hormonales,
oxitócicas o
de instinto como conservación de la vida.
Entonces salí por un momento al baño. Al mirarme en el espejo
esa parte nebulosa del camino que se me ocurrió pisar se desvaneció con un puchero y recobré
mi dirección solitaria. Y recordé las cosas que necesitaba comprar ese día.
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