“Te huyo por no
rendirte mi albedrío, y cuanto
más
me aparto
más te ansío” Anatole France.
Alivio. Comprensión y libertad.
Te dejo libre. Sin más. No hay nada por pedirle a nadie. Es un paso en la cabeza
y en el corazón. Intento sobrevivir de la escritura en estos días violentos en
los que la realidad ha rebasado a la ficción por mucho. En los que las ideas de
todos los tiempos, convergen y se enfrentan, entre sociedades, entre vecinos… entre
grupos y religiones. Así como es difícil luchar por algo en común cuando
estamos tan divididos. Igual que para un ser humano es difícil vivir si no sabe
y no tiene idea alguna de para qué.
¿Hay un fin en las historias
humanas? La verdad es que no, sólo suceden cortes, mutilaciones en las
relaciones pero por lo general cada persona nos cambia, de alguna manera… las
historias no terminan ni con la muerte, siguen su curso, siguen creando nuevos
personajes, gusanos, fantasmas, recuerdos, palabras. Las historias tienen espacios
que nos conmueven, que han de extrañarnos, que nos sorprenden, que nos alivian…
algo nos provocan, algo nos cambian, nos remueven. Vivimos allí inmersos
escribiendo nuestra propia historia.
Aunque parece un poco pesado continuar sin concluir, sin hacer cortes definitivos con distintos personajes y los
psicólogos de la gestalt no lo recomiendan puesto que es necesario cerrar círculos,
las historias son siempre los colores que podemos combinar para terminar
nuestro cuadro, los ladrillos con los que construimos nuestra casa, o ese bulto
de todos los materiales que se cargan en la espalda, la cosa es saber hacer uso
de ellos cuando les necesitamos.
¿Es entonces verdad que vivimos
sólo en el presente? Pareciera más sano y más práctico, pero nuestra visión de los
momentos depende de la graduación que hemos obtenido con todo lo pasado y los
ajustes que pensamos hacer en el futuro. No caminamos sin voltear a todas las
direcciones, porque habríamos perdido por completo el rumbo. Así es el lenguaje,
así están determinadas nuestras acciones. Soy todo lo que fui, lo que sueño, lo
que hago, soy aquello que perdí y lo que me limito a decir. El alivio está siempre en la palabra.
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