Liberar. Sumérjase en un mar tranquilo,
donde no haya muchas olas. Que la temperatura sea agradable para su cuerpo. Que
pueda permanecer en posición de muertito por algunos minutos, es importante que
no tenga pendiente de nada: ni de las llaves o la cartera, ni de los niños, ni
de su pareja, que mientras usted finge hacerse el muerto o la muerta, estará viendo
otros cuerpos y teniendo otras fantasías. Que eso no le importe, es cabeza
ajena. Una vez que se haya liberado de esos agentes exteriores tan amenazantes
deje que el agua le meza, cierre los ojos y respire a su ritmo, sin obligarse a
nada, abra los ojos y si el sol no es demasiado deslumbrante observe el cielo,
ojalá haya algunas nubes en ese momento que le permitan contemplar las formas
tercas, tan reconfortantes. Entonces quizás mientras olvide lo externo, más
agua se vuelva, más se confunda con la sal y una sus ojos al cielo. Pida o
perdónese, como mejor le venga. Encuentre la paz en la textura del agua bendita…
cambie, intente salir diferente, aproveche que puede pensar, que tiene la
fortuna de flotar, de sentir el agua del mar, de ser consciente, de que el sol
le encandile y le arda la piel. Usted es sensación, los sentimientos con la sal
se limpian… aproveche para llorar si desea hacerlo, se volverá entonces totalidad, con todos los elementos que su mente alcance a dilucidar. Siéntase libre y recuerde que las cadenas pueden hundirle.
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