jueves, 19 de abril de 2018

Aun


Tengo miedo de salir a la calle. Cuando debo hacerlo sea la hora que sea volteo a todos lados y aguzo el oído. A veces, me parece incluso olfatear, cualquier aroma extraño puede dar pistas de atacantes. Me da miedo ir al seguro social, de por sí padezco de cierta ansiedad, no soporto las filas ni el mal humor de alguien que, se supone, trabaja en lo que eligió y además gana dinero, no soporto que me maltraten y en todo caso, me parece que ando con un escudo. Tengo miedo de que la policía y más aun el ejército se me acerque. Para ello intento pasar desapercibida. Soy mexicana. Tengo ciertos derechos, supongo. Pero me da miedo caminar por el centro de cualquier ciudad del país, me da miedo la policía, encontrarla cuando viajo sola en la carretera qué espanto. No voy al seguro, prefiero aguantar el dolor, la enfermedad. Me da tristeza ver al país así. Tengo miedo de contestar el teléfono. Aunque es mejor pensar que “cuando te toca te toca” me da miedo que ser mexicano esté más cercano a la tragedia que a las buenas historias. Entonces nos limitamos a enorgullecernos por los tacos, el tequila y nuestra desesperada valentía. Aun con generaciones escindidas, con la mitad de su población viviendo en la pobreza, con miles de desaparecidos, aun intentando cruzar a un país en el que no se nos quiere. Aun siendo saqueados por empresas extranjeras y por mexicanos estúpidos que se logran un cargo lamiendo culos… aún así y con miedo, aún así y soportando. Aún así y viendo a la sociedad descomponerse, porque vive con miedo y desconfianza permanente. Cierto derecho de poder vivir, trabajar, estudiar, sin que nadie pueda echarme de este territorio. Pero tengo miedo de todos modos. Ser mexicano adquiere sentido cuando se grita con aires de victoria, en calidad de sobreviviente: “¡Viva México, cabrones!”.


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