jueves, 18 de mayo de 2017

Estado de no derecho

En alguna reunión con amigos extranjeros radicados desde hace tiempo en México hablábamos de su probable adquisición de la nacionalidad. Uno de ellos elocuentemente escandalizado ante tal idea decía amar a este país, sentirse como un mexicano, pero que en todo caso le daría miedo ser uno más, pues desgraciadamente su vida tiene un valor más alto conservando únicamente su nacionalidad europea. Teniendo prácticamente los mismos derechos, a excepción del voto, por el cual, a como son las cosas aquí, no tendría caso gastar 6 mil pesos. Aunque nos llena de orgullo ser mexicanos, ¿enr qué nos beneficia? ¿Cómo es que hemos permitido que este país sea dominado por unos pocos saltimbanqui? ¿En qué momento nos quitaremos el pie de la garganta?, ¿cuando vuelva a subir la gasolina? Según el International Institude for Strategic Studies, México es el segundo país más violento del mundo, detrás de Siria, medición que las autoridades se apresuraron a rechazar contundentemente con engorrosas justificaciones. En lo personal esta podredumbre me afecta demasiado, hay algo que se alcanza a regar por el torrente sanguíneo como una enfermedad, es un dolor y una tristeza que forzosamente se distribuye en este lugar de heridas irreparables a como puede diagnosticarse. Y parecemos habitar en burbujas: nada de lo externo nos afecta hasta que esa delgada cobertura se rompe con un pinchazo que nos deja tumbados en el suelo, contemplando el caos. Este país es una tragedia perpetua, en el que se necesita el más oscuro de los humores para acariciar suavemente a la comedia.

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