Con los años y las decepciones
vividas de repente uno cree que ya estuvo. Que ya nada -además de la muerte de
un ser querido- puede volver a dolernos. Hasta que de repente pasa: alguien
hace algo tan terrible como para derribarnos días enteros... Y es peor cuando
ni siquiera tienen la decencia de disculparse. Entonces se llora y se reviven
antiguas dolencias que parecían sanadas. Con mucha voluntad, meditación y
borracheras uno puede encontrarse nuevamente completo y decirse a sí mismo:
sigo vivo, se siente, se atraviesa a la realidad, cada vez más hecho a la idea
de que así son las cosas. Nos sacudimos las rodillas, minimizamos la traición de
aquel a quien le abrimos todas las posibilidades. Justificamos al otro con
nuestra propia culpa por dejarnos vencer. Intentamos bailar nuevamente, pero
temerosos definitivamente, con la predisposición para volver a caer… y es que
vienen los golpes cuando uno menos los imagina.
Y es peor cuando ni siquiera tienen la decencia de disculparse.... que dolorosa es la traición
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