¿Quién volverá a mirar con ojos
de ilusión a nuestro país? Poco a poco se ha ido filtrando la violencia hasta
hacerse parte de nosotros, de nuestra cotidianeidad, prefijo de cada amanecer
noticioso. Es peligroso cuando ya ni siquiera las muertes alcanzan a
escandalizar, a asustarnos- ya dejamos de preguntarnos. Y se cuelan frases de
derrota en esa ruptura del tejido social, como: “es que así está en todos lados”,
“los maleantes dominan el país” o “la culpa es del gobierno”. Dice Eduardo Galeano
que la utopía se encuentra en el horizonte, que si damos un paso ella se aleja
dos, nos hace caminar. El problema es que hemos dejado de mirar al horizonte y
vamos con nuestras cabezas gachas: fijos y absortos en nuestra propia
esclavitud. Hemos dejado de mirar también al pasado, las lecciones de psicología
positiva han tenido sus resultados, “vive el presente”. En lo personal soporto
poco leer las noticias, hurgo entre los contenidos y evito lo relativo al
presidente, al espionaje, y a las increíbles noticias de realce social como la
boda del gobernador del Estado de México, priista. La bronca es que aparece allí aunque
uno no quiera. Con todos los medios a nuestro alcance creemos que tenemos la
libertad de escoger, pero es mentira, ellos dominan nuestros ojos y guían
nuestras voluntades. Allí estaba la nota que me importaba un pepino, con sus
600 invitados -¡es ridículo!- y por otro lado muy escondidas noticias como el
asesinato de cuatro jóvenes en Durango. No es posible que personas de cargos públicos,
burócratas que deberían trabajar por el bien común se vuelvan personajes más
intrigantes que los rockstars. Hace algunos años, en la era del –rockstar-
Felipe Calderón me dediqué por unos meses a contar las muertes violentas en
nuestro país. Era frecuente llegar a las 200 diarias. Aquella búsqueda infinita
me comenzó a afectar bastante, jamás terminaría. En mayo pasado se contaron 2254
homicidios dolosos y 1246 culposos en todo el país. Pero yo ya no cuento. Nada importante
pasa ya para que este país cambie. No esperemos que ocurra en voz de los
políticos, ellos sólo tomarán sus cargos y harán las pocas cosas que se les
ocurran para cumplir y las muchas que se les ocurran para robar. O bien,
sigamos inmersos en este valle de lágrimas, sacando día a día la fuerza para
seguir adelante. Ahora sigo una sola columna semanal, la de Guillermo Fadanelli.
Es una voz de aliento venida desde la contemplación del abismo, me anima, me da
un poco de esperanza.
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