martes, 6 de junio de 2017

Columna 8: Basura

"Soy como un nazi. Si me dicen mata, mato."
Eso me dijo mi supervisor en el trabajo un día. No vale la pena recordar la situación ni el momento en sí, la verdad es que casi lo he olvidado, pero esas palabras son como un sello puesto en su frente y desde ese día para mí se convirtió en una bestia sin escrúpulos. Por supuesto que no es la primera vez que escucho algo así, sobre todo de gente a la que se le ha quitado el derecho de pensar o que en el transcurso de la vida y demás ocupaciones ya ha olvidado cómo. Es lamentable que la maquinaria laboral nos haya convertido en simples piezas completamente reemplazables y que además estemos de acuerdo con ello acostumbrados a girar día a día con o sin aceite. Ya nada me sorprende. Estos lugares -de lujo- están forzados a funcionar de manera excepcional, simulando que la educación es agua fresca que fluye en su corriente natural, pero eso no es verdad. Es una ilusión que debe pagarse a un precio muy alto. Es curioso que la amabilidad y buenas maneras -desde el sonreir- deban estipularse en listados impuestos por empresas que aseguran a los dueños del mundo que recibirán el trato exclusivo que se merecen en cualquier lugar, sin importar otra cosa. Y lo más curioso de todo es que se hagan cumplir por jefes que llaman a sus subordinados: "basura".

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