Los amores que dejaron de provocar que temblemos.
No puede ser fácil encontrar el amor. El amor se encuentra por casualidad, cuando menos lo tenemos pensado, en donde menos
lo imaginamos. Nos hace preguntarnos qué pasó, o por qué ella o él… pero en
realidad no queda mucho tiempo para reflexionarlo sino hasta que se ha
desplegado completamente después de ese choque. Otras veces cuando dos almas
necesitadas de lo mismo se encuentran sin más se entregan, sólo han coincidido
sus necesidades, sus neurosis se vuelven una, bien fuerte, bien ciega que los
lleva a tientas por el mundo golpeándose con las esquinas de la cama,
atragantándose de licor que se les escurre a borbotones por los orificios
nasales. Esos golpes les dolerán a ambos, comenzaran a sentir que les falta el
aire, ahogados uno del otro en algún momento uno de los dos se soltará del
viaje y tomará oxígeno en alguna otra habitación donde el colchón sea quizás de
agua, suave y sin esquinas.
Pero en estos tiempos del tetra pack, en estos tiempos en
los que apretamos un botón y “eliminamos” a una persona de nuestras vidas todos
esos amores, todas esas locuras son controladas por el sistema… uno ya no puede
morir de amor. Es ridículo.
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